domingo, 18 de marzo de 2012

Viernes con extranjeros y gente españolona

Empezar en Santo Domingo hablando en inglés sobre Nueva York; seguir camino de la catedral y cambiar al español, a las familias de acogida y a la comida española; pasar por el Smöoy y ponerse a hablar de libros; cambiar el tema hacia Los Juegos del Hambre; que habra los ojos y te diga que son sus libros preferidos; abrir y los ojos y decir que también son los tuyos; seguir hablando de Los Juegos del Hambre; cambiar la conversación y tener miedo de estar aburriéndole; llegar al kebab y hablar sobre el colegio; ir hacía la tetería y que te lo quiten de tu lado; sentarse en otra mesa distinta; no tomar nada más que té helado y agua; salir de allí y que se vaya a comprar tabaco; que una de las chicas españolas que acaba de conocer le acompañe; que sus amigas intenten seguirlos y sospechar; sentir que no pintas nada allí; ir a tomarte un helado a las 12 de la noche porque llevas más de 8 horas sin comer; volver y encontrarte con todos, menos con él; volver a sospechar; ir al chino, y de allí a CalleCentro; ver cómo llega de la mano de la chica española sonriéndo; confirmar mis sospechas; que se suelten las manos y pasen el uno del otro; cagarme en ellos; entrar en la discoteca; no querer bailar porque no te sientes agusto; que se vayan las españolas; quedarme con Lotte, y comenzar a bailar de verdad; que venga y él y que baile como un idiota; que se me acerque para hablarme al oído porque la música está demasiado alta; llegar la hora de irse, y despedirme sólo de él con dos besos; que ponga cara de pena al decirle que nos vamos; salir de allí, coger el autobús y llegar a casa; no poder quitarme de la cabeza el hecho de que he conocido a un americano que adora el chocolate, y cuyos libros preferidos son los mismos que los míos, y que éste haya preferido irse con esa antes que seguir hablando conmigo. Seguir pensando en lo mismo, y en cómo la gente es capaz de darle a alguien algo tan íntimo como el sabor de tu boca y luego no hablarle nunca más. Joderme en todo lo jodido porque las cosas casi nunca acaban como yo quiero.

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